
Entramos en el Kit Kat Club y el decorado, la ambientación, me pareció muy adecuada, suferente e invitándote a estar en un auténtico y lúgubre tugurio del Berlín de entreguerras. Quedaban algunos rezagados por sentarse cuando todo comenzó. Evidentemente y por si alguna o alguno quiere ir, no contaré nada al respecto de la trama, contenido ni del desenlace. Lo que sí quiero dejar patente, por escrito y casi rubricado es que entres con la idea de que Sally (Liza Minelli, para el gran público) te va a conducir por ésta historia. Deja que el maestro de ceremonias pase las páginas por cada uno de los momentos del show.
Es interesante partir de la base (como ejercicio práctico) de que no vas a escuchar solo Money, money, money. Está claro que ésta y otras canciones están, son importantes. Pero no te quedes solo con eso. Anoche descubrí otras que me llegaron a emocionar.Si recurrimos a una escala, le pongo un 7. La puesta en escena, el vestuario, iluminación, ambientación y expectativas, van por delante de las voces, bailes y hasta la desternillante satírica de algunos momentos. Pero por delante de todo, en primer puesto y con diferencia, el Maestro de Ceremonias. Se que Ra, habiendo visto los dos (estuvo en Madrid), me dice que si me ha gustado éste, que el de la producción Madrid le gana por goleada. Pero hijo, con este, me llevé una más que agradable sorpresa.
Y si es que después de verlo, te quedas con ganas, siempre puedes bajar la intensidad de la luz en tu salón, servirte una ginebra (para ir al compás), encenderte un cigarro y languidecer. Y suerte tenemos de Ute Lemper que nos ayuda a no olvidar un género que si por muchos fuera, ya se habría extinguido cual especie animal. Ni tan siquiera servirían los cd's en las tiendas ni el a veces recurrente emule.
Os encomiendo a que hagáis una visita al Kit Kat Club en el Teatro Apolo.
Besos,
Jep


