Por más que lo intento, no puedo ver a Tomás de otra forma: un pequeño ser tremendamente incomprendido por la sociedad excluyente que nos atenaza, nos oprime y aboca más allá de sus murallas a todos aquellos que no comungan con sus principios, que no se parecen entre ellos y no son hasta cierto punto, estereotipados hasta la extenuación. (Respiro!)
Como tomás, se me ocurren Sloth, el ingenuo y deforme personaje de los Goonies, el Jorobado de Notre Dame, o incluso llevándolo a los paralelismos que casi llegan a hermanarlos, el tierno infante representado en el Fantasma de la Ópera, que bien podría ser el hermano de Tomás. Son dos circunstancias, dos momentos en la historia (fictícia o no) que casi se viven con la misma intensidad. Por un lado tenemos en "El Orfanato" a Tomás, hijo de Benigna (maravillosa Montserrat Carulla), una "educadora" llena de complejos, rica en dioptrías e interminable rencor social. Involuntariamente pesa sobre él, la tremenda incompresión que el mundo tiene sobre su madre. Por ene, el chaval va y resulta tener una tremenda deformidad en la cara que lo convierte en pasto de sus compañeros de rofanato. Y como suele pasar, en niño, Tomás, solo quiere que le quieran. Y es que da una penita....
Por otro lado, "El fantasma de la ópera", nos regala el personaje del Fantasma en si mismo (ufff, Gerard Butler). Pero: ¿Como llegamos asta aquí?. El fantasma fue pequeño un día. En la película lo describen como un niño que recogen en un infumable circo de mala muerte. Éste recorre los pueblos, mostrando a seres que la sociedad ha convertido en mostruos porque no son el reflejo de ellos, sino las miserias que ven desde las almenas de la infranqueable muralla de su ciudad perfecta. El niño sufre el desprecio de la gente que con una mezcolanza de temor, repulsión y la a veces irracional curiosidad (que me perdonen los animales). Se rien, le escupen, le odian sin conocerlo.
En ambos casos se llega a una sola conclusión, al excluir a los que no nos parecen semejantes, al apartar la diferencia, generamos con el tiempo verdaderos nuevos monstruos que asumen la imposibilidad de adaptarse a una sociedad que lo les deja formar parte de ella y la regurjitan en forma de crímenes sin razón, desproporcionadas masacres e infinito odio. Y si antes de que suceda todo esto nos hubiéramos detenido en la mirada triste, en el grito que busca cariño de Tomás o del infante Fantasma, habríamos comprendido que todo lo que necesitaban era amor.
Y sí, vale, lo admito. Si les hubieran querido, no estaría ahora mismo disertando sobre el verdadero significado del amor. La capacidad de transmitir un bien barato, ¿qué digo,? Gratuito! e ilimitado. Pero claro, entonces nunca hubiera existido un Fantasma de la Opera, un Tomás y otros tantos pobres incomprendidos, capaces, eso sí, de llnar una sala de cine.
Como tomás, se me ocurren Sloth, el ingenuo y deforme personaje de los Goonies, el Jorobado de Notre Dame, o incluso llevándolo a los paralelismos que casi llegan a hermanarlos, el tierno infante representado en el Fantasma de la Ópera, que bien podría ser el hermano de Tomás. Son dos circunstancias, dos momentos en la historia (fictícia o no) que casi se viven con la misma intensidad. Por un lado tenemos en "El Orfanato" a Tomás, hijo de Benigna (maravillosa Montserrat Carulla), una "educadora" llena de complejos, rica en dioptrías e interminable rencor social. Involuntariamente pesa sobre él, la tremenda incompresión que el mundo tiene sobre su madre. Por ene, el chaval va y resulta tener una tremenda deformidad en la cara que lo convierte en pasto de sus compañeros de rofanato. Y como suele pasar, en niño, Tomás, solo quiere que le quieran. Y es que da una penita....
Por otro lado, "El fantasma de la ópera", nos regala el personaje del Fantasma en si mismo (ufff, Gerard Butler). Pero: ¿Como llegamos asta aquí?. El fantasma fue pequeño un día. En la película lo describen como un niño que recogen en un infumable circo de mala muerte. Éste recorre los pueblos, mostrando a seres que la sociedad ha convertido en mostruos porque no son el reflejo de ellos, sino las miserias que ven desde las almenas de la infranqueable muralla de su ciudad perfecta. El niño sufre el desprecio de la gente que con una mezcolanza de temor, repulsión y la a veces irracional curiosidad (que me perdonen los animales). Se rien, le escupen, le odian sin conocerlo.
En ambos casos se llega a una sola conclusión, al excluir a los que no nos parecen semejantes, al apartar la diferencia, generamos con el tiempo verdaderos nuevos monstruos que asumen la imposibilidad de adaptarse a una sociedad que lo les deja formar parte de ella y la regurjitan en forma de crímenes sin razón, desproporcionadas masacres e infinito odio. Y si antes de que suceda todo esto nos hubiéramos detenido en la mirada triste, en el grito que busca cariño de Tomás o del infante Fantasma, habríamos comprendido que todo lo que necesitaban era amor.
Y sí, vale, lo admito. Si les hubieran querido, no estaría ahora mismo disertando sobre el verdadero significado del amor. La capacidad de transmitir un bien barato, ¿qué digo,? Gratuito! e ilimitado. Pero claro, entonces nunca hubiera existido un Fantasma de la Opera, un Tomás y otros tantos pobres incomprendidos, capaces, eso sí, de llnar una sala de cine.

Enhorabuena a J.A. Bayona y sus casi 6 millones de euros de recaudación en el primer fin de semana en las salas de cine. "Gracias" a la desgracia ajena de esas desdichadas vidas, podemos aprender un poquito más y corregir esos posibles errores en un futuro que tal vez esté a la vuelta de la esquina!. Así que a aplicarse el cuento y pon un tullido(a) en tu vida!
Va por tí, Tomás
Un beso. Jep
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