miércoles, 2 de abril de 2008

No!


No cojas la cuchara con la mano izquierda.
No pongas los codos en la mesa.
Dobla bien la servilleta.
Eso, para empezar.

Extraiga la raíz cuadrada de tres mil novecientos trece.
¿Dónde está Tanganika? ¿Qué año nació Cervantes?
Le pondré un cero en conducta si habla con su compañero.
Eso, para seguir.

¿Le parece a Ud. correcto que un ingeniero haga versos?
La cultura es un adorno y el negocio es el negocio.
Si sigues con esa chica te cerraremos las puertas.
Eso, para vivir.

No seas tan loco. Sé educado. Sé correcto.
No bebas. No fumes. No tosas. No respires.
¡Ay si, no respires! Dar el no a todos los "no"
y descansar: Morir.




Autobiografía, de Gabriel Celaya Ingeniero industrial y poeta.

Son unos versos que he leido esta tarde. Es una manera como otra de darle sentido a ciertos pasajes de la vida de uno. Y lo cierto es que me he detenido un momento y con una segunda lectura, he visto una parte de mí. Considerándolo desde el punto de vista de la infantil norma de no entender un no, me he dado cuenta que en más de una ocasión (más de una, de verdad) me convierto en el dictador del no, frente a la incomprensión del posible receptor de sí.

Místicodialécticas a parte, es verdad que nacemos sin entender un no. Crecemos haciéndole frente a esa intolerancia. Vivimos para asimilar que las cosas son así y no pueden cambiarse. Para que al final digamos: y que más da!!. Jope. Espero estar aún a tiempo y poder recuperar una parte, mejor dos: la ignorancia y la candidez de querer conocer, saber, tocar y sentir como un niño en contínuo descubrimiento de la vida en si misma. Y por el otro, el suficiente y necesario espíritu intolerante para luchar contra el no por decreto y aprender que un solo "sí" puede dar mucha felicidad.

He dicho. Claro que sí!
Na nit.
Jep

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