sábado, 2 de junio de 2007

Cinderella Man

Ya la he visto. Me he plantado con la cena frente al televisor y he dejado que la historia me envuelva. Sin apenas referencias, salvo las que todos podemos conocer y con la salvedad de que Quanto ya la había visto, me he dispuesto a saldar esta cuenta cinematográfica.



Desde luego no voy a hacer una crítica de manual, no. He decidido que me apetece más dejar constancia de lo que esta historia ha escrito en mis emociones.

Si soy objetivo, puedo ver una y mil historias mucho más tangibles, más cercanas, casi diría, más reales. Pero eso resultaría demasiado fácil. Y sinceramente, mi objetivo no es ese. Lo cierto es que esta noche he visto el drama de la sociedad moderna, con algunos nombres que en otra ciudad o en esta misma podrian ser: Eduardo y María, con sus tres hijos: Laura, Andrés y Eduardo. Y aunque pudiera resultar hasta mísero llamarlo así, no es más que una lucha por la supervivencia.

No voy a revelar más detalles de la película, no sea que alguien me tire la caballería por encima. Pero la lectura o si prefieres la conclusión, no es más que constatar el hecho de que en una sociedad tremendamente competitiva, no solo es necesario estar preparado/a. Ni siquiera tener recursos. Porque si no se dispone de espíritu de lucha y ganas de hacer las cosas, difícilmente llegaremos a ningún sitio. A no ser que nos conformemos con ser mediocres.

El reto no es tan inalcanzable. Porque al fin y al cabo y abandonando las metas que nos quieren imponer los demás, el verdadero puesto ganador nos lo tenemos que plantear nosotros mismos. Debemos ser exigentes, marcarnos unos objetivos e intentar alcanzarlos. El consuelo si no lo conseguimos, siempre será haberlo intentado. Y solo por eso habrá merecido la pena.

Y tal vez solo por eso, esta noche me apetece pensar que el objetivo de James J. Baddrock se cumplió aquella tarde de Junio. Enhorabuena.



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