Contemplaba ayer la foto que ves arriba y al final de obligado pensamiento, me estremecí. Y es que si como yo, te detienes y ves el auténtico significado de la imagen, te darás cuenta de la dimensión del ser humano.
Nos pasamos la vida aprendiendo, creciendo y como decía en una anterior entrada, compitiendo por "llegar a vete tú a saber" donde. Unas metas que la misma sociedad en la que vivimos nos marca. Y éstas mismas son las que nos imponemos como las reglas básicas en nuestro quehacer, las "marcas" a conseguir.
Entonces te encuentras con estas imágenes y automáticamente te sientes no pequeño, infinitésimamente diminuto. Resulta que tomas conciencia del lugar en el que estás. Y tratas de algún modo de medir esa infinitud. En ese paisaje casi fruto de un recurrente Photoshop, eres incapaz de distinguir nada humano. No hay edificios pero tampoco bosques. No ves carreteras pero tampoco el mar. Tan solo el reflejo del sol sobre un océano de nubes, sobre las cuales tenemos una seria de finísimas capas que nos protegen. Una para respirar, otra para evitar los rayos ultravioletas, etc.
Y mientras tanto, nosotr@s, debajo de todo este ligero pero necesario caparazón, seguimos empeñados en comernos cada reto, cada instante, cada puesto. Y digo yo, si pudieras verte a ti mism@ desde un plano cenital, alejándose la imagen, ascendiendo hacia esa capa que nos permite vivir, ¿no crees que tomarías conciencia de esa dimensión?
Y lo digo así porque esta noche me siento especialmente pequeño, casi imperceptible, casi un simple punto allí donde tú lo quieras ver, si es que quieres. Y no por ello quedo excluido de la dimensión de esta vida, ni de este planeta ni de nada.
Es más, por increiblemente pequeños que puedan parecer los detalles, las palabras, un mensaje, tu mirada o la mía, ganan muchos más puntos precisamente por no dejarlos pasar, por darles esa importancia que este mundo a veces se empeña en que la pierdan. Y es ahora mismo cuando se difuminan las distancias físicas, cuando quiero sentir y siento que estás aquí, que hablamos y nos reimos sin vernos pero estamos. Porque todos estamos en este gigantesco hormiguero lleno de vida. Y nos comunicamos. Y eso es lo verdaderamente importante, que sintamos esa necesidad, que la usemos, que podamos seguir demostrando que esos miles de millones de hormiguitas tiene cada una de ellas, innumerables formas de hacer un "universo" de cada sentido, cada sensación, cada palabra o gesto que le lanzamos al mundo.
Demos las gracias por poder ser "tan grandes" en un mundo "tan pequeño".
Al final del día he leido una frase que parecía casi hecha para ocupar el último hueco de esta entrada. Te la entrego como siento que han hecho conmigo al toparme con ella, un regalo:
"No es más grande el que más espacio ocupa, sino el que más vacío deja cuando se va".
Gracias Helena, gracias Juan.
Bona nit,
Jep

1 comentario:
Yo pienso que todo depende de la perspectiva. O sea, que si : somos insignificantes respecto al universo, ok. ¿Pero que pasa con nuestro universo interior?
Nosotros tan frágiles y tan insignificantes, podemos crear miles de universos como el real con solo el poder de nuestra mente, podemos crear imperios y destruirlos en un abrir y cerrar de ojos. Podemos viajar a países/planetas lejanos, a épocas pasadas o al futuro...
Y todo eso pasa en el interior de un órgano insignificante dentro de una criatura insignificante que vive en un planeta insignificante de un sistema solar de los miles que existen en una de los millones de galaxias que hay en el universo. Y además, ahora no lo sabemos todavía, ¿pero qué tal si hubiera más universos además de éste (parafraseando a Stephen King)?
Todavía seríamos más insignificantes, una pulga en un perro del tamaño de la Luna.
Conste que no creo que seamos criaturas insignificantes, me refiero a lo físico. A pesar de todo pienso que el ser humano es una criatura grandiosa, maravillosa y muy muy compleja, tanto en lo físico como en lo mental, espiritual...
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