miércoles, 4 de julio de 2007

Los Mileuristas, Espido Freire

Se comete un error cuando se habla de los mileuristas en términos estrictamente económicos: Mi apuesta ha sido hablar de ellos como generación, y describir sus peculiaridades como tal.
La diferencia entre un mileurista y un trabajador algo mayor con un sueldo inferior a mil euros no radica en sus ingresos, sino en su formación intelectual y laboral, sus expectativas vitales, y sobre todo, en un íntimo desengaño que convierte a este grupo en viejos prematuros, en desengañados precoces.
El mileurista, el joven que oscila entre la veintena y la treintena, universitario, políglota, viajado, estaba en teoría, llamado a formar parte de la elite. No ha sido así, y comienza a convencerse de que no lo será jamás. Heredaron un idealismo que antes de florecer se pudrió. Lo que aprendieron no basta, y tampoco les resulta útil.
El mileurista posee escasa o nula visibilidad, porque la sociedad lo califica como consumidor pasivo: no crea riqueza económica, y la gestiona con dificultad. La generación anterior, la que posee poder e influye en la ideología social, es aún joven, y no considera esenciales los valores realmente novedosos que los mileuristas podrían aportar y por lo tanto, se produce un estancamiento cultural, y una falta de dinamismo en la sociedad más que preocupante.
Hasta los detractores más tenaces de esta generación reconocen que se trata de los jóvenes mejor preparados de la historia de España. Por desgracia, las estadísticas indican que los que los releven no superarán esos conocimientos. Algo ha fracasado si la educación ha comenzado un retroceso obvio en tan pocos años: los mileuristas serán absorbidos y superados por sus hermanos menores, más agresivos, menos cultos, pero más conscientes de las necesidades de su entorno.
Los mileuristas han aprendido a divertirse con poco dinero, y a evadirse a través del ocio, la televisión, el ordenador y la nostalgia. No creen en mitos, apenas se manifiestan por causas nobles, parecen apáticos a los ojos de los sesentayochistas. Anhelan que alguien les saque de los problemas sin buscar conflictos.

No hay intención de resolver nada. No existen soluciones inmediatas, ni a corto plazo. No pueden buscarlas: no se les ofrecen. Son niños en tierra de nadie, adultos en una espera eterna."

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