
La gente busca en tí, la herencia emocional que dejaron tus padres. Más aun si al parecer, la que hubo fue mejor que la tuya propia. Y es que aunque parezca mentira, unas veces vemos similitudes y otras solo antagonismos. Y lo cierto es que cuando hago el ejercicio de pensar en cual es el matiz que más resaltamos, suele ser el malo, o dicho de otra forma, la herencia emocional propia.
Porque si te digo la verdad, no quiero ni pensar que la comparativa la hagan contigo. Si es así, estoy perdido!. Las cualidades que tuviste, no son ni de lejos las que yo he heredado. Miento. Alguna vez parezco mostrar, tengo un atisbo, un algo que se escapa y de alguna manera te trae a tí al frente. Pero mi cosecha no parece ser de buena añana. Estas cosas no se aprenden leyendo ningún manual, no. Tampoco asistiendo a clase. Lo peor de todo es que el único modelo de que podía disponer, no lo tengo. Y es por ello que ganas por goleada. No porque estemos compitiendo, no es eso. Pero dejaste un testamento emocional que resulta insuperable. Y lo siento pero aun odiando las comparativas, a veces me hace sentir mezquino, vulgar. Suerte que no ando mal de cierta autoestima, aunque no tan exhacerbada como algunas y algunos creen. Porque cuando me levanto sintiéndome pequeño, vulnerable, desprotegido y falto de un mimo, un roce, me convierto en carne de esa bolsa de valores emocionales que tanto oscila.
Hace un tiempo las cosas cambiaron, ¿sabes?. A lo largo de la vida voy mudando la piel en el querer, exfoliando los sentimientos y marcando en el calendario de mi vida los momentos que no olvido, pero que deposito en el cajón desastre del recorrido vital. Y con ese gesto, me presento renovado, limpio y dispuesto. Confío que el tiempo me sirva de trampolín para poder expiar los vicios, las faltas, los pecados que por error u omisión han salpicado a los que quiero. Durante este tiempo me han vestido con los trajes a medida cuyos patrones había impuesto yo y por lo tanto, asumo.
Resulta muy dificil entender que las pruebas a superar sean tantas y tan difíciles. Pido perdón una vez más. No por haber hecho nada malo. Si no por aquellas o aquellos que han sido heridos en la batalla por culpa de mis balas. Pero esta es la última vez porque verdaderamente no he matado a nadie. Y las heridas se curan.
Ahora solo estoy pidiendo una oportunidad. Soy yo y quiero seguir siendo yo. La misma persona que se rie y llora por la vida, de la vida y con la vida. Pero con nuevos valores y muchas ganas de que los veas, te gusten y pueda copartirlos contigo. Quiero que me quieran, que me quieras, sin reservas, sin condiciones. Porque a mi no me cuesta nada quererte como te quiero, que te quiero.
Porque si te digo la verdad, no quiero ni pensar que la comparativa la hagan contigo. Si es así, estoy perdido!. Las cualidades que tuviste, no son ni de lejos las que yo he heredado. Miento. Alguna vez parezco mostrar, tengo un atisbo, un algo que se escapa y de alguna manera te trae a tí al frente. Pero mi cosecha no parece ser de buena añana. Estas cosas no se aprenden leyendo ningún manual, no. Tampoco asistiendo a clase. Lo peor de todo es que el único modelo de que podía disponer, no lo tengo. Y es por ello que ganas por goleada. No porque estemos compitiendo, no es eso. Pero dejaste un testamento emocional que resulta insuperable. Y lo siento pero aun odiando las comparativas, a veces me hace sentir mezquino, vulgar. Suerte que no ando mal de cierta autoestima, aunque no tan exhacerbada como algunas y algunos creen. Porque cuando me levanto sintiéndome pequeño, vulnerable, desprotegido y falto de un mimo, un roce, me convierto en carne de esa bolsa de valores emocionales que tanto oscila.
Hace un tiempo las cosas cambiaron, ¿sabes?. A lo largo de la vida voy mudando la piel en el querer, exfoliando los sentimientos y marcando en el calendario de mi vida los momentos que no olvido, pero que deposito en el cajón desastre del recorrido vital. Y con ese gesto, me presento renovado, limpio y dispuesto. Confío que el tiempo me sirva de trampolín para poder expiar los vicios, las faltas, los pecados que por error u omisión han salpicado a los que quiero. Durante este tiempo me han vestido con los trajes a medida cuyos patrones había impuesto yo y por lo tanto, asumo.
Resulta muy dificil entender que las pruebas a superar sean tantas y tan difíciles. Pido perdón una vez más. No por haber hecho nada malo. Si no por aquellas o aquellos que han sido heridos en la batalla por culpa de mis balas. Pero esta es la última vez porque verdaderamente no he matado a nadie. Y las heridas se curan.
Ahora solo estoy pidiendo una oportunidad. Soy yo y quiero seguir siendo yo. La misma persona que se rie y llora por la vida, de la vida y con la vida. Pero con nuevos valores y muchas ganas de que los veas, te gusten y pueda copartirlos contigo. Quiero que me quieran, que me quieras, sin reservas, sin condiciones. Porque a mi no me cuesta nada quererte como te quiero, que te quiero.
Estoy aquí porque me he dado cuenta de que quiero pasar el resto de mi vida feliz. Y quiero que el resto de mi vida empiece hoy.
Gracias.
Jep
"Solo en las misteriosas ecuaciones del amor, se puede encontrar la lógica"
2 comentarios:
Sniffff
Sniffff
Sense paraules.
MOlt tendre i a la vegada molt profund.
Publicar un comentario